viernes, 31 de agosto de 2012

-EL APÓSTOL SANTIAGO-


-EL APÓSTOL SANTIAGO-

Entre la Historia y la Leyenda

En el bosque próximo a la residencia de S. Felix de Sublovio de Galicia, se descubre en la primera mitad del siglo IX un sepulcro que, por la forma extraordinaria en que se presenta y por otras razones tradicionales, la tradición popular atribuyó al APÓSTOL SANTIAGO.

Científicamente nunca se podrá demostrar que los restos encontrados corresponden a éste.

Sin embargo ello no fue óbice para que esos restos se aceptaran popularmente y atrajeran multitudinarias peregrinaciones.

Aún hay quien dice que los restos descubiertos no son de Santiago, si no del famoso Prisciliano, pero lo único que se puede asegurar es que no hay razones firmes en contra del primero y que nadie aportó razones, ni siquiera aproximadas, en favor del segundo.


La leyenda sobre su tumba en Santiago de Compostela

SANTIAGO EL MAYOR, discípulo de Jesús el Cristo, al igual que su hermano Juan, fue decapitado por Herodes Agripa hacia el año 42, según narra Lucas, y su cuerpo fue arrojado fuera de la ciudad como pasto de los perros y de las fieras.

Pero sus discípulos regresaron al lugar de noche y se llevaron el cadáver hasta el puerto de Jope, donde apareció UNA EMBARCACIÓN preparada para navegar, aunque sin tripulación, a bordo de la cual subieron el cuerpo de su Maestro y se entregaron al viaje sin mayores preocupaciones.

Al séptimo día de navegación, después de haber atravesado felizmente las columnas de Hércules, arribaron al puerto de Iria, en tierras gallegas.

En el momento de depositar el cuerpo del Maestro en una gruesa roca, a la que habían amarrado la barca, ésta cedió como si fuera de cera hasta convertirse en un sarcófago para el Santo.

Llegada la noche, los discípulos se adentraron unas 12 millas en el interior hasta el lugar escogido para el enterramiento, y acudieron luego a la reina Lupa, dueña de los contornos, a la que pidieron una parcela para enterrar el cuerpo del Maestro.

La mujer los remitió al rey Duyo, declarado enemigo del cristianismo, quien los encarceló.

Fueron liberados por un ángel, y perseguidos por los hombres de Duyo.

El ejército moriría ahogado al ceder milagrosamente el puente por el que intentaban cruzar el río.

Volvieron los discípulos con Lupa, quien, aterrada por lo sucedido, quiso deshacerse de ellos.

Los envió al monte Illicinus.

Les indicó que allí encontrarían unos  BUEYES MANSOS  para uncir al carro que llevaba los restos del APÓSTOL SANTIAGO.

En realidad se trataba de toros salvajes.

Al aproximarse los discípulos, les salió al encuentro un horrible DRAGÓN que ahuyentaba a todos los habitantes de la comarca y que, ante la presencia del cuerpo del apóstol, SE ESFUMÓ sin dejar rastro.

Acto seguido, se acercaron a los toros, animales que se olvidaron de su natural fiereza, y se dejaron uncir a la carreta sin ningún problema.

Con ellos se dirigieron al palacio de la reina Lupa, provocándole tal asombro que se convirtió al cristianismo y ofreció su palacio para iglesia y sepultura del Apóstol.


Aymeric Picaud y el Códex Calixtinus

Aymeric Picaud escribió hacia el año 1138 una especie de guía del CAMINO DE SANTIAGO, incluida en el libro V del Códex Calixtinus, también llamado Liber Sancti Jacobi, que es considerada la primera guía turística de la historia.

Incluye un pormenorizado y exacto estudio de la Ruta Jacobea, con una visión muy particular, y nada favorable por cierto de los pueblos ibéricos que atravesaba el Camino, reflejada en gran cantidad de detalles anecdóticos, descripciones de pueblos, avisos de peligros, etc., que actualmente son el mejor testimonio para el estudio de aquella etapa histórica.

Picaud dividía el itinerario, a través del camino francés, en trece etapas perfectamente delimitadas, cada una de las cuales se hacía en varios días, según el ánimo de cada grupo de peregrinos, a razón de unos 35 kilómetros diarios a pie, o casi el doble si era el caballo el medio de locomoción elegido.

Señala las distancias entre pueblos, los santuarios y monumentos del trayecto, e incluye observaciones sobre gastronomía, potabilidad de las aguas, carácter de las gentes y costumbres de los pueblos, así como un interesantísimo pequeño VOCABULARIO VASCO, siendo este de gran importancia, al ser el primer testimonio escrito de la lengua de EUSKADI.

En el año 1139 ó 1140, Aymeric Picaud lleva a Santiago el Códex Calixtinus.

Este códice fue atribuido por los monjes de Cluny al Papa Calixto II, fallecido en 1124.

Descubrimiento de los restos del Apóstol según el Códex Calixtinus

Hacia el año 813, gobernando Alfonso II el Casto (789-842) en el reino astur y Carlomagno en Occidente, un ermitaño llamado Paio tuvo la revelación angélica de que iba a ser descubierto el cuerpo del APÓSTOL SANTIAGO.

A los pocos días, unos pastores advirtieron una luminosidad extraña sobre el arbolado del monte llamado Libredón, donde más tarde surgiría Compostela, que irradiaba de una estrella.

El campo donde yacía la tumba escondida se llenó de una luz brillante y desde entonces se le conoce como "COMPOSTELA" (Campo de Estrellas).

El suceso fue comunicado al obispo de Iria Flavia, más tarde testigo del prodigio y ordenó tres días de ayuno.

Comenzaron a desbrozar la maleza sobre la que brillaba la estrella y se descubrió el arca marmórea con los restos que, por una revelación divina, el obispo Teodomiro atribuyó al APÓSTOL SANTIAGO.

Inmediatamente se da cuenta al rey del milagroso hallazgo.

El monarca acude con sus nobles y manda erigir la primera iglesia dedicada a Santiago y otras dos dedicadas al Salvador y a San Pedro y a San Pablo, respectivamente.

En el lugar, y por orden real, se instala una pequeña comunidad de Agustinos que constituye el primer núcleo de lo que poco después sería Compostela.

El mismo Alfonso II da cuenta del hecho a Carlomagno, y la noticia se propaga con rapidez por toda Europa.

Hasta aquí la leyenda narrada y popularizada por el Liber Sancti Jacobi (Códex Calixtinus) y que servirá de explicación al enigma que encierra el descubrimiento del cuerpo de un discípulo de Jesucristo en un confín de la Península Ibérica, en el primer tercio del siglo IX, cuando la invasión musulmana estaba prácticamente consolidada y únicamente los incipientes reinos del norte se resisten a su dominación.

Evento que los investigadores más serios sitúan hacia el año 830, dentro del reinado de Alfonso II, pero ya muerto el emperador Carlomagno.

Hacía falta una figura que unificase la lucha contra el enemigo común y que, a la vez, sirviese de respaldo moral a esa importante acción histórica.

Así surge la figura de un SANTIAGO que de pacífico apóstol de Cristo se convierte en GUERRERO que aplasta con su caballo los cuerpos de los moros y degüella sus cabezas espada en mano.

Este es ya un objetivo consciente, que, para cronistas como Lucas de Tuy, constituye un imperativo divino, un mandato que el apóstol Santiago reveló al rey de Asturias en una visión, contándole que Jesús repartió las provincias entre sus apóstoles, entregándole España en su totalidad a su protección y conducción.

De allí que Santiago aparezca siempre en las batallas, vestido de blanco, armado de una espada, montado en un esplendoroso caballo blanco, portando el estandarte de la guerra entre los españoles; la réplica exacta, cristiana, de la representación musulmana de Mahoma.

Un santo que, según la tradición, presidirá las más importantes batallas de la Reconquista, ayudando a superar el complejo de inferioridad que aquejaba a los pueblos cristianos.

Estos, poco a poco, van recuperando sus dominios y convierten a Compostela en el principal foco de atracción espiritual del Reino astur-leonés.

Un fenómeno que, con el tiempo, sobrepasará en poder de atracción a Roma y Jerusalén, siendo el mayor centro de peregrinaciones de toda la cristiandad.


Especulaciones acerca del apóstol Santiago

La referencia a la "hermandad" entre Santiago y Jesús es recogida en la Historia crítica de las ideas religiosas del cordobés Ibn Hazm, atribuyendo su mención a cristianos, aunque el gran polígrafo encuentra esta historia incomprensible, "a no ser que digan que María los engendró de José el Carpintero, pues eso es lo que afirma una secta de los antiguos cristianos, uno de los cuales fue Julián, [obispo] metropolitano de Toledo".

Se registra un fenómeno similar de superposición de imágenes entre la imagen de Santiago el Mayor y Santiago el Menor, y también entre el apóstol y San Millán y San Isidoro.

Es interesante comprobar que en la sierra peruana persiste aún, contemporáneamente la yuxtaposición de las imágenes de San Isidro, el patrón de la agricultura, y Santiago, el protector de los ganados.

Los medievalistas señalan como origen de esta dualidad la presencia de los gemelos Castor y Pólux, divinidades romanas con gran predicamento durante la sujeción de la Hispania al Imperio Romano.

El culto a Santiago tiene también una gran importancia en otras áreas.

El contacto con Europa occidental estimuló el renacimiento de la vida económica de los reinos cristianos del norte de la Península y el desarrollo de una importante red urbana articulada en torno a la ruta de la peregrinación.

La "europeización" de los reinos peninsulares supuso también intercambios en el terreno del arte y la cultura: la arquitectura, la literatura, la música, etc.

Pero conjuntamente con los aportes positivos, los peregrinos de Europa trajeron también la mentalidad profundamente intolerante característica de los tiempos de las cruzadas.

"Así se inicia -afirma León Poliakov- una lenta evolución que transformará la confusa refriega en 'guerra divina', concepción que será entonces retrospectivamente proyectada en la totalidad de la empresa, al mismo tiempo que su encarnación epopéyica, el Cid Campeador, es promovido al rango de paladín de la Fe (cosa que su biografía no parece confirmar).

A esta evolución contribuyeron en gran parte los monjes (sobre todo cluniacenses) y caballeros de allende los Pirineos, que, en el siglo XI, siendo cada vez más numerosos, vienen, los unos, a reformar la vida religiosa española, los otros, a prestar un fuerte apoyo a los combatientes ('Las precruzadas').

Pero pasó bastante tiempo antes de que su influencia tuviera efectos profundos.

Es sintomático que el acto que expresa el espíritu de las Cruzadas, hacer el voto y empuñar la cruz, penetrara relativamente tarde en las costumbres de los caballeros españoles: empezó a ser frecuente a comienzos del siglo XIII".


La Historia Oficial de Santiago

Santiago es uno de los doce Apóstoles de Jesús; hijo de Zebedeo.

El y su hermano Juan fueron llamados por Jesús mientras estaban arreglando sus redes de pescar en el lago Genesaret.

Recibieron de Cristo el nombre "Boanerges", significando hijos del trueno, por su impetuosidad.

En los evangelios se relata que Santiago tuvo que ver con el milagro de la hija de Jairo.

Fue uno de los tres Apóstoles testigos de la Transfiguración y luego Jesús le invitó, también con Pedro y Santiago, a compartir más de cerca Su oración en el Monte de los Olivos.

Los Hechos de los Apóstoles relatan que éstos se dispersaron por todo el mundo para llevar la Buena Nueva.

Según una antigua tradición, Santiago el Mayor se fue a España.

Primero a Galicia, donde estableció una comunidad cristiana y luego a la ciudad romana de Cesar Augusta, hoy conocida como Zaragoza.

La Leyenda Aurea de Jacobus de Voragine nos cuenta que las enseñanzas del Apóstol no fueron aceptadas y sólo siete personas se convirtieron al Cristianismo.

Estos eran conocidos como los "Siete Convertidos de Zaragoza".

Las cosas cambiaron cuando una Virgen se apareció al Apóstol en esa ciudad, aparición conocida como la Virgen del Pilar.

Desde entonces la intercesión de la Virgen hizo que se abrieran extraordinariamente los corazones a la evangelización de España.

No obstante, el descubrimiento de los Textos Plúmbeos nos confirma que Santiago entró en la península por el sur, donde en Granada constituiría la primera comunidad cristiana gnóstica de la península Ibérica.

En los Hechos de los Apóstoles descubrimos que fue el primer apóstol martirizado.

Murió asesinado por el rey Herodes Agripa I, el 25 de marzo de 41 AD.

Según una leyenda, su acusador se arrepintió antes que mataran a Santiago por lo que también fue decapitado.

Los Textos Plúmbeos del Sacromonte

En 1588 la ampliación de la tercera nave de la Catedral de Granada obligó a derribar la torre de la antigua mezquita mayor nazarí.

La tradición local afirmaba que la torre, llamada "Turpiana", había sido edificada por los "fenicios".

El día de San Gabriel de ese año, fecha celebrada en el calendario islámico, los albañiles hallaron una pequeña caja de plomo que, al abrirla, desprendió una extraordinaria fragancia.


En su interior se encontró un hueso atribuido a ESTEBAN, primer mártir cristiano, una imagen de la Virgen, con traje "egipciano", una arenilla entre azul y negra, un pañuelo que enjugó las "lágrimas de la Virgen" y dos pergaminos (una profecía de San Juan, interpretada por Dionisio Areopagita y el relato del martirio de San Cecilio).


Los pergaminos fueron traducidos inmediatamente por el Santo Oficio y el Obispo ordenó que las reliquias se colocaran en un lugar destacado de la Sacristía.

Las apariciones no habían hecho sino comenzar.

El 21 de febrero de 1595, se encontró frente al Generalife, la primera lámina de plomo escrita en caracteres hispano-béticos que, una vez descifrada, pudo saberse que contenía datos sobre el martirio de San Tesiphon (o Mesitón) y San Hiscio, discípulos de Santiago.

Los hechos que narraba estaban fechados en "el segundo año de Nerón, primer día del mes de marzo".

El texto sobre San Tesiphon estaba escrito en "su natural lengua arábiga con caracteres de Salomón".

Dos meses después, una niña, Catalina de Cuevas, encontró otro documento, El tratado sobre la esencia de Dios.

Las crónicas de la época afirman que los hallazgos iban acompañados de resplandores, fenómenos luminosos y prodigios.

En total se encontraron 18 documentos de muy diversa índole.

Lo que más atrajo de estos documentos es la temprana cristianización de España que se daba cuenta en ellos.

Si bien en toda la península se registraban mitos y leyendas sobre la temprana presencia de Santiago el Mayor, estos documentos, escritos, aparentemente, en los albores del cristianismo, daban datos excepcionalmente concretos.

Se decía que Santiago hubo predicado en España junto con seis discípulos (Cecilio, Tesiphon, Torcuato, Segundo, Hiscio y Eufrasio).

Pilotaba el navío el mismísimo San Gabriel.

¿A quién encontraron Santiago y sus discípulos?

No a íberos, ni a celtas, sino a árabes, es más, Santiago logró conquistar el corazón de Aben Almogueira, reyezuelo local que, tras su conversión, pasaría al santoral con el nombre de San Indalecio.

De los 18 documentos, seis narraban la historia de Santiago en nuestro país.

Los Hechos del Apóstol Santiago y sus milagros eran coincidentes con algunas leyendas medievales en circulación sobre su presencia.

El titulado Grandes Misterios que vio Santiago en el Monte Sagrado (Sacromonte), es de carácter profético.

Se halló también un Ritual de la Misa de Santiago Apóstol y varias oraciones a él consagradas.

Llama la atención, inicialmente, que buena parte de los textos encontrados estén dedicados a Santiago, quien, no lo olvidemos, es EL SANTO PATRÓN DE LOS ALQUIMISTAS.

Lo que se describe de Santiago es un viaje, es decir, una aventura iniciática; otros textos medievales y renacentistas, el Libro de las Figuras Jeroglíficas de Nicolás Flamel, o algunos tratados de Ineneo Filaleteo habían utilizado el símbolo de la peregrinación para describir las etapas de la iniciación alquímica.

El hecho de que los documentos más herméticos del conjunto hayan sido elaborados en PLOMO, metal propio de los  PROCESOS ALQUÍMICOS, abunda en la interpretación de que es en la ciencia sagrada de LA ALQUIMIA donde hay que buscar las claves.

Llama la atención, igualmente, que uno de los textos más enigmáticos, esté destinado a describir las propiedades del Sello de Salomón, un símbolo bien conocido por los hermetistas medievales, como signatura de los cuatro elementos y llamada también, por ellos, la "corona del mago".

El soporte de algunos documentos estaba presentado en láminas a modo de hojas de un libro y en otras como discos metálicos.

A finales de la Edad Media y durante los siglos XVI y XVII, los discos metálicos con inscripciones jeroglíficas se utilizaban frecuentemente como talismanes de protección o invocación a las fuerzas divinas.

Las clavículas de Salomón son ejemplo de esta observación.

Es seguro que, las figuras descritas sobre todo en el Tratado sobre el Sello de Salomón, tuvieran esta finalidad mágica.

Además es dato sorprendente observar cómo el Monasterio Católico del Sacromonte tenga por su más preciado símbolo la estrella de Salomón, siendo ésta atribuida a la religión Judía.

En 1665 los documentos fueron, significativamente, entregados a Athanasius Kircher, jesuita alemán, versado en esoterismo, para que los examinara.

Kircher había realizado los primeros estudios sistemáticos sobre el esoterismo faraónico y sobre él recae la sospecha de que estuvo afiliado a los CÍRCULOS GNÓSTICOS ROSACRUCES de su tiempo.

Nadie dudaba en la Santa Sede de que Kircher era un hermetista cristiano, perfecto conocedor del pitagorismo, la cábala y la astrología.

Su especialidad era el desciframiento de jeroglíficos egipcios.

Fue el primero en intentar descifrar las profecías de la Gran Pirámide.

Las opiniones de las Juntas Teológicas, de Athanasius Kircher y otros impenitentes luchadores por la causa de los "plomos", como el italiano fray Bartolomé Pectorano, autor de una monumental defensa de su autenticidad, no consiguieron detener la condena papal.

Esta llegó a principios del siglo XVIII.

La tristeza y conmoción que causó en Granada fueron indescriptibles.

En 1716, 1736 y 1739 se efectuaron forcejeos ante la curia romana para lograr la revisión de la causa, pero el proceso sigue detenido hasta nuestros días y, en la actualidad, los "plomos" permanecen perdidos en algún lugar del Vaticano.

J.A.
Texto tomado del “Círculo de Investigación de la Antropología Gnóstica”.





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